La ética de la caza

Hace unas semanas, unos amigos y yo nos encontrábamos dando un paseo por un pinar, en el término municipal de Ortigosa de Cameros. De repente, nuestros perros abandonaron la senda y se internaron un poco en el bosque. Seguimos andando, pero como los perros no nos seguían, al final volvimos a por ellos. Al llegar, descubrimos por qué se quedaron allí. En el suelo vimos tripas de animal esparcidas, que seguramente eran de ciervo o de jabalí. Podían haber sido de alguna muerte natural, pero lo más normal al verlas en ese lugar, es que sean los restos de alguna cacería. Esto no es lo que nos sorprendió. Cogimos a los perros y volvimos a la senda, y tras andar unos pocos metros más, vimos lo que sí nos impresionó. Allí, en la nieve, había un feto, un pequeño feto de cervatillo, aún con restos de sangre, tirado como si de un despojo se tratara, de igual modo que estaban las tripas que vimos antes. Ver aquello nos entristeció. Cómo se le puede poner a la caza la etiqueta de gestión ambiental, si en su nombre se realizan actos como aquel. ¿De verdad es necesario matar a una cierva preñada? Y en el caso de que se haga, por qué tirar el feto a una cuneta. Un depredador, como el lobo, del que tantas falacias se dicen, habría aprovechado el feto de igual modo que la carne de la madre. 
Nunca me ha gustado la caza, pero entiendo que la muerte de animales siempre ha formado parte de la naturaleza, y no estoy en contra de que la gente que de verdad vive en el campo aproveche los recursos del monte, y que cacen de vez en cuando un ciervo o un jabalí, pero me declaro totalmente en contra de lo que en estos tiempos llaman "caza deportiva", que busca la diversión a costa de la vida de los animales. Animales que sobreviven en el monte a duras penas, con sus inviernos, sus noches, sus enfermedades, etc., para que luego venga un ricachón, se baje de su todoterreno de alta gama, el guarda le enseñe donde están los ciervos, y apriete el gatillo de su escopeta de varios miles de euros, para irse a casa orgulloso de su premio.  Con esa caza "buscatrofeos", se está destrozando el patrimonio genético de nuestra fauna, eliminando los ejemplares más fuertes, sanos y adaptables. Lo que se está llevando a cabo es una involución, una evolución al revés, dejando que los individuos que vivan sean los viejos, los enfermos y los débiles, aquellos que el cazador no quiere para su pared, y por tanto permitiendo que estos animales sean los que tengan descendencia.



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